
El avión que lo llevaba a él y a otras 44 personas partió de Montevideo y se dirigía a Santiago, donde su equipo de rugby —el Old Christians— iba a disputar un partido. Sin embargo, no llegó a destino: se estrelló en un recóndito punto de la cordillera entre Argentina y Chile a 3.500 metros de altura. Prácticamente sin comida, cubiertos por la nieve y con su salud debilitada, 16 jóvenes lograron sobrevivir durante 72 días a decenas de grados bajo cero. Las operaciones de rescate se dieron por finalizadas al décimo día del impacto, pues se suponía que ninguno podía haber sobrevivido a las condiciones extremas. En la caída del avión y la noche siguiente murieron 13 personas y a lo largo de los días se fueron sumando más decesos. Pero los que quedaban vivos no estaban dispuestos a dar el brazo a torcer.
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Casi dos meses después del accidente y tras varios intentos fracasados de establecer comunicación más allá de la montaña, dos de ellos —Fernando Parrado y Roberto Canessa— salieron en busca de ayuda. Luego de una travesía de 10 días a la deriva, encontraron a un arriero chileno que pastoreaba a sus vacas. A partir de entonces comenzó el rescate de los que estaban varados en la nieve.
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El sobreviviente, hijo del conocido artista Carlos Páez Vilaró, se ha dedicado a compartir su experiencia a lo largo del mundo. Adonde lo llaman, va a dar testimonio de aquellos días duros para motivar a su audiencia. El sobreviviente de los Andes comienza sus charlas con una frase de San Francisco de Asís que, a su juicio, resume el proceso que vivieron sus compañeros y él: «Empieza por hacer lo necesario, luego lo que es posible y te encontrarás haciendo lo imposible». La manera que encontraron de alimentarse es uno de los puntos que ha contribuido a que la historia diera la vuelta al mundo. En sus últimas conferencias, Páez ha pedido a los asistentes que levanten la mano si no hubieran hecho lo mismo. Hasta el momento, nadie la ha alzado, dice.
En las conferencias, Páez pone énfasis en la capacidad de adaptarse a las situaciones en base a lo vivido aquellos días. Se define como el «contador de una historia» de transición de la muerte a la vida. Un paso que recuerda en sus ponencias con fotos de sus amigos muertos y que culmina con la fotografía de sus hijos y nietos.
«No soy yo el motivador. Es la historia la que motiva», apunta. En cada charla intenta transmitir que cada uno tiene su propia cordillera. Y así como él y sus compañeros pudieron superarla, los demás pueden hacerlo.

Un ejemplo que define muy bien este punto es la clasificación de la selección de Colombia al Mundial de Rusia 2018. Los ‘cafeteros’ recibieron un revés muy duro cuando perdieron de locales ante Paraguay. Este resultado puso en peligro su participación en la Copa. Páez se encontraba en El Salvador dando una conferencia cuando recibió una llamada «urgente».
Un día antes del partido final contra Perú del 11 de octubre, en el que se podía sellar o no el pase a Rusia, Carlos Páez compartió tres horas junto a los futbolistas, en los que contó detalles que no suele incluir en sus demás exposiciones.
En esta situación de incertidumbre, dio a los futbolistas colombianos el consejo de enfocarse en una sola idea: «Ellos tenían un solo pensamiento que era el de clasificar y el nuestro era vivir… eso es básicamente el paralelo», asevera. Mientras en la cordillera los sobrevivientes luchaban por su vida, los familiares bregaban para encontrarlos. Los jóvenes no bajaron los brazos, pero la búsqueda «fue una cosa muy infructuosa». Si no hubieran decidido salir a buscar ayuda, todavía estarían allí.
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Una vez rescatado, recuerda su «obsesión por comer frutillas o algo ácido, seguramente por la falta de vitamina C». Luego de la prolongada escasez de alimento, asegura que «en dos minutos» sació su necesidad y no podía comer más. La llegada a Uruguay un par de días antes de la Navidad de 1972 «fue muy difícil», asegura. Una vez repatriado desde Chile estaba la alegría de la supervivencia pero también la ausencia de sus compañeros y el pesar de los padres que habían perdido a sus hijos.
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En Montevideo había corresponsales de todo el mundo para cubrir la llegada de los 16 supervivientes. Esta «euforia» se insertó en el imaginario colectivo y el Milagro de los Andes fue objeto de innumerables documentales, libros y películas. Quizás la más conocida es ‘¡Viven!’ (Frank Marshall, 1993). Esta cinta taquillera «traduce el sufrimiento, pero no es lo mismo» que la historia que vivió en carne propia.
En tanto, las conferencias de Páez han arrancado lágrimas a los japoneses —una tarea difícil, asegura— y conmover a los rusos, que conocían muy bien la historia según lo pudo constatar en una visita relámpago a Moscú.
Carlos Páez regresó dos veces a la cordillera. En febrero de 2018 volverá, acompañado de sus hijos, nietos y otros allegados. A 45 años es capaz de vivir esa historia «como si le hubiera pasado a otro».
https://mundo.sputniknews.com/sociedad/201710141073165753-tragedia-andes-sobrevivientes/
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